A continuación les presento un texto del jesuita José Fernández de Henestrosa, él convivió con comunidades Aymara en el altiplano boliviano, en el municipio de Jesús de Mchaqa. En este texto nos comparte lo que aprendió de dichas comunidades.
El texto está incluido en el libro: Xavierl Albó. PPH desde su altiplano exterior e interior. La Paz Bolivia. 2010.
TUMPASINIÑA
CARTAS DESDE EL ALTIPLANO
Sinti munat jilatanaka, kullakanaka :
(Muy queridos hermanos y hermanas)
Cuando alguien que ha vivido por un tiempo en el Altiplano, se ausenta,
se produce una ruptura en el que se va y
en los que se quedan: "Se echa de menos". Pues sobre esto, es que
quiero pasar hoy un rato con ustedes.
La lengua aymara, es como decía mi hermano, una "lengua de
ángeles". Tiene un verbo tumpasiniña, que expresa maravillosamente
este sentimiento de totalidad que el Altiplano ejerce sobre sus moradores. Tumpasiniña
se puede traducir por: "Ir a visitar, ir a ver, ir a percatarse
ocular y personalmente de alguien o de algo propio o considerado como propio, y
por tanto muy querido, muy amado, muy apreciado por uno. Un ir a echarse
de menos. Sentimiento que no se satisface una sola vez,
sino que reiterativamente surge en el corazón como algo ineludible.
La inmensidad del Altiplano nos hace sentir minúsculos en medio de él,
por eso cuando de pronto en nuestra vida sumergida en esta inmensidad, se nos
acerca un campesino y nos dice: "he venido a echarte de menos"
se experimenta como un "desvelamiento" por no decir una
"revelación" de la profundidad del Altiplano. ¡Uno se pensaba y se
sentía pequeño, desconocido, extranjero... y de pronto le hacen notar que alguien
en su corazón se ha apropiado de uno.!
Esta experiencia personal, es lo más parecido que me he encontrado, a la
experiencia de Dios en nuestras vidas y en nuestra Historia. Dios con el nuevo
atributo del que viene a echarse de menos de los hombres, de cada uno de
nosotros, pues somos alguien para El, somos su propiedad y no
puede vivir sin nosotros.
De pronto todo ha cambiado y se empiezan a tener ojos y oídos nuevos.
Algunos rincones del
Altiplano empiezan a tener vida, pues en ellos algo ha ocurrido, en
ellos está alguien que me acogió y dio de comer en su casa; o en ellos cuando
estaba perdido buscando un camino, un pastorcito me indicó mi destino; o fue
que un día alguien que por primera vez me acompañaba, escuchó el silencio de las
pampas; o tuvimos un lindo cursillo, o nos plantamos en el barro durante muchas
horas...En fin hay muchos rincones en los que se ha compartido la comida, se ha
experimentado la amistad, se ha padecido el sufrimiento o la muerte de alguien,
o se ha sentido el fracaso de la cosecha... y se siente necesidad de ir a
echarse de menos de esas personas o de esos rincones que se han convertido
muy queridos por uno.
A veces pienso que este sencillo verbo, que tan bien expresa el corazón
del pueblo aymara, es como la puerta de comprensión del misterio de los pobres,
los predilectos de Dios. Es como si su soledad y su silencio -tan
desconcertante para nosotros- estuvieran anclados firmemente en la secreta
esperanza de que hay ALGUIEN que repetidamente viene a echarse de menos con
su Presencia y su Palabra. Y que ellos también saben como expresarle el ir a
echarse de menos de El. Y es este saber el que se expresan entre ellos y manifiestan
con todas aquellas personas que se les acercan. Sabiduría de los pequeños detalles
del compartir cotidiano que nos abren la puerta del "respeto a la
vida".
Desgraciadamente se pueden tener ojos y no ver y oídos y no escuchar,
pasar muchos años junto a ellos y no tener nada ni nadie de que echarse
de menos. Es como vivir sin Dios, sin
hermanos, sin comunidad... sin rostros concretos.
Volver a nacer. Dejarse engendrar por el Pueblo, reconocerse hijo de
ellos. Es el fruto que nace de su amor expresado en ese movimiento de ir a
echarse de menos de nosotros.
Nuestra respuesta es una mezcla de aceptación de este regalo y de esta
puesta en marcha de nuestro amor para los demás.
En la medida en que nos vamos apropiando, vamos haciendo propio,
lo mejor de cada uno de ellos sus pequeñas o grandes esperanzas, sus sueños,
sus deseos, sus iniciativas de vida... y ponemos nuestra vida para que crezcan
y fructifiquen, nos vamos convirtiendo en sus hijos, en hijos de este
Pueblo. Nos convertimos en lo mejor de ellos. Así empezamos a comprender el por
qué se vienen a echarse de menos y el por qué necesitamos ir a echarnos
de menos de ellos. Por el contrario si no encontramos nada de qué
apropiarnos, nada que no merezca ser guardado en nuestro corazón para que
crezca y fructifique, siempre seremos unos extraños.
Esta es la lógica del Reino de Dios, en el que sólo podemos llamar a
Dios PADRE, siendo hijos del Pueblo. Dicho de otra forma, sólo en el corazón
del hermano es que aprenderemos a
llamar a Dios PADRE. Pero para aprenderlo, necesitamos amarlo con ese
único amor que produce frutos en los hermanos.
Ir a echarse de menos, no es ir a
controlar, a vigilar, a pedir cuentas, a examinar, a juzgar... pues todas esas
cosas se pueden hacer por terceras personas o con otros medios impersonales. No
se va a echarse de menos por utilidad o en busca de seguridades personales,
diría que se va porque sí, se va porque se ama.
En el amor que empuja al ir a echarse de menos, se encierra el
ingrediente de la capacidad
de sorpresa. Es una aventura que cuando se inicia va acompañada de
alegría, de esperanzas, de inquietudes, de anhelos... y que culmina en el
encuentro con lo otro de si mismo. Es un poco lo de la parábola del hijo
pródigo a su regreso a casa.
Me imagino que todo esto que les estoy comentando, de una manera o de
otra y con un verbo
parecido al tumpasiniña lo habrán experimentado en su contacto
con los pobres, en el lugar en donde viven. Quizá el Altiplano por sus
peculiariedades geográficas y de clima, hace que lo más significativo de la
vida, quede como más resaltado y el echarse de menos arraigue tan
profundamente. Pero creo que en unos lugares de una manera y en otros de otra,
esta manifestación de amor que es mezcla de sentirse de otro y mezcla de
sentir a los otros en sí mismo, es fruto de aquellos lugares en los que la
muerte o la no-vida, parece que campean a sus anchas y que quizá como en
la Cruz, son los únicos lugares en los que la VIDA no se puede menos que
compartirla con los demás y me atrevería a decir , no se puede menos que ir
a echarse de menos de quien nos la ofreció.
Para muchos de nosotros el Altiplano ha sido significativo en nuestras
vidas, en el sentido de que se nos han abierto las puertas del dinamismo del
Amor. El mundo es como un inmenso Altiplano en que poco a poco hay muchos
lugares en los que hay muchas cosas y sobre todo muchas personas a las que nos
gustaría ir a echarnos de menos y curiosamente en cada persona también
hay un "Altiplano interior" que nos ha acogido y regalado.
Estas CARTAS DESDE EL ALTIPLANO como ya habrán podido ver son un poco manifestación
de este ir a echarse de menos de cada uno de ustedes, ya que no puedo ir
a percatarme ocular y personalmente de cómo están... Lo mejor de cada uno de
ustedes está ahí en mi pequeño Altiplano interior. Es lo que me sostiene
y me hace crecer..
Hasta otra. Busquen su Altiplano, estén en donde estén. Búsquenlo con
esos ojos nuevos allí
en dónde a los ojos de los demás parezca que no hay vida, a las afueras,
en el desierto, en los márgenes...y quédense por un tiempo, Un día vendrá
ALGUIEN a echarse de menos de ustedes. Invítenlo a cenar y se quedará
para siempre en su corazón.
Un fuerte abrazo.
PEPE
H.