domingo, 14 de septiembre de 2014

TUMPASINIÑA

continuación les presento un texto del jesuita José Fernández de Henestrosa, él convivió con comunidades Aymara en el altiplano boliviano, en el municipio de Jesús de Mchaqa. En este texto nos comparte lo que aprendió de dichas comunidades. 
El texto está incluido en el libro: Xavierl Albó. PPH desde su altiplano exterior e interior. La Paz Bolivia. 2010. 


TUMPASINIÑA

CARTAS DESDE EL ALTIPLANO

Sinti munat jilatanaka, kullakanaka :
(Muy queridos hermanos y hermanas)

Cuando alguien que ha vivido por un tiempo en el Altiplano, se ausenta, se  produce una ruptura en el que se va y en los que se quedan: "Se echa de menos". Pues sobre esto, es que quiero pasar hoy un rato con ustedes.
La lengua aymara, es como decía mi hermano, una "lengua de ángeles". Tiene un verbo tumpasiniña, que expresa maravillosamente este sentimiento de totalidad que el Altiplano ejerce sobre sus moradores. Tumpasiniña se puede traducir por: "Ir a visitar, ir a ver, ir a percatarse ocular y personalmente de alguien o de algo propio o considerado como propio, y por tanto muy querido, muy amado, muy apreciado por uno. Un ir a echarse
de menos. Sentimiento que no se satisface una sola vez, sino que reiterativamente surge en el corazón como algo ineludible.
La inmensidad del Altiplano nos hace sentir minúsculos en medio de él, por eso cuando de pronto en nuestra vida sumergida en esta inmensidad, se nos acerca un campesino y nos dice: "he venido a echarte de menos" se experimenta como un "desvelamiento" por no decir una "revelación" de la profundidad del Altiplano. ¡Uno se pensaba y se sentía pequeño, desconocido, extranjero... y de pronto le hacen notar que alguien en su corazón se ha apropiado de uno.!
Esta experiencia personal, es lo más parecido que me he encontrado, a la experiencia de Dios en nuestras vidas y en nuestra Historia. Dios con el nuevo atributo del que viene a echarse de menos de los hombres, de cada uno de nosotros, pues somos alguien para El, somos su propiedad y no puede vivir sin nosotros.
De pronto todo ha cambiado y se empiezan a tener ojos y oídos nuevos. Algunos rincones del
Altiplano empiezan a tener vida, pues en ellos algo ha ocurrido, en ellos está alguien que me acogió y dio de comer en su casa; o en ellos cuando estaba perdido buscando un camino, un pastorcito me indicó mi destino; o fue que un día alguien que por primera vez me acompañaba, escuchó el silencio de las pampas; o tuvimos un lindo cursillo, o nos plantamos en el barro durante muchas horas...En fin hay muchos rincones en los que se ha compartido la comida, se ha experimentado la amistad, se ha padecido el sufrimiento o la muerte de alguien, o se ha sentido el fracaso de la cosecha... y se siente necesidad de ir a echarse de menos de esas personas o de esos rincones que se han convertido muy queridos por uno.
A veces pienso que este sencillo verbo, que tan bien expresa el corazón del pueblo aymara, es como la puerta de comprensión del misterio de los pobres, los predilectos de Dios. Es como si su soledad y su silencio -tan desconcertante para nosotros- estuvieran anclados firmemente en la secreta esperanza de que hay ALGUIEN que repetidamente viene a echarse de menos con su Presencia y su Palabra. Y que ellos también saben como expresarle el ir a echarse de menos de El. Y es este saber el que se expresan entre ellos y manifiestan con todas aquellas personas que se les acercan. Sabiduría de los pequeños detalles del compartir cotidiano que nos abren la puerta del "respeto a la vida".
Desgraciadamente se pueden tener ojos y no ver y oídos y no escuchar, pasar muchos años junto a ellos y no tener nada ni nadie de que echarse de menos. Es como vivir sin Dios, sin
hermanos, sin comunidad... sin rostros concretos.
Volver a nacer. Dejarse engendrar por el Pueblo, reconocerse hijo de ellos. Es el fruto que nace de su amor expresado en ese movimiento de ir a echarse de menos de nosotros.
Nuestra respuesta es una mezcla de aceptación de este regalo y de esta puesta en marcha de nuestro amor para los demás.
En la medida en que nos vamos apropiando, vamos haciendo propio, lo mejor de cada uno de ellos sus pequeñas o grandes esperanzas, sus sueños, sus deseos, sus iniciativas de vida... y ponemos nuestra vida para que crezcan y fructifiquen, nos vamos convirtiendo en sus hijos, en hijos de este Pueblo. Nos convertimos en lo mejor de ellos. Así empezamos a comprender el por qué se vienen a echarse de menos y el por qué necesitamos ir a echarnos de menos de ellos. Por el contrario si no encontramos nada de qué apropiarnos, nada que no merezca ser guardado en nuestro corazón para que crezca y fructifique, siempre seremos unos extraños.
Esta es la lógica del Reino de Dios, en el que sólo podemos llamar a Dios PADRE, siendo hijos del Pueblo. Dicho de otra forma, sólo en el corazón del hermano es que aprenderemos a
llamar a Dios PADRE. Pero para aprenderlo, necesitamos amarlo con ese único amor que produce frutos en los hermanos.
Ir a echarse de menos, no es ir a controlar, a vigilar, a pedir cuentas, a examinar, a juzgar... pues todas esas cosas se pueden hacer por terceras personas o con otros medios impersonales. No se va a echarse de menos por utilidad o en busca de seguridades personales, diría que se va porque sí, se va porque se ama.
En el amor que empuja al ir a echarse de menos, se encierra el ingrediente de la capacidad
de sorpresa. Es una aventura que cuando se inicia va acompañada de alegría, de esperanzas, de inquietudes, de anhelos... y que culmina en el encuentro con lo otro de si mismo. Es un poco lo de la parábola del hijo pródigo a su regreso a casa.
Me imagino que todo esto que les estoy comentando, de una manera o de otra y con un verbo
parecido al tumpasiniña lo habrán experimentado en su contacto con los pobres, en el lugar en donde viven. Quizá el Altiplano por sus peculiariedades geográficas y de clima, hace que lo más significativo de la vida, quede como más resaltado y el echarse de menos arraigue tan profundamente. Pero creo que en unos lugares de una manera y en otros de otra, esta manifestación de amor que es mezcla de sentirse de otro y mezcla de sentir a los otros en sí mismo, es fruto de aquellos lugares en los que la muerte o la no-vida, parece que campean a sus anchas y que quizá como en la Cruz, son los únicos lugares en los que la VIDA no se puede menos que compartirla con los demás y me atrevería a decir , no se puede menos que ir a echarse de menos de quien nos la ofreció.
Para muchos de nosotros el Altiplano ha sido significativo en nuestras vidas, en el sentido de que se nos han abierto las puertas del dinamismo del Amor. El mundo es como un inmenso Altiplano en que poco a poco hay muchos lugares en los que hay muchas cosas y sobre todo muchas personas a las que nos gustaría ir a echarnos de menos y curiosamente en cada persona también hay un "Altiplano interior" que nos ha acogido y regalado.
Estas CARTAS DESDE EL ALTIPLANO como ya habrán podido ver son un poco manifestación de este ir a echarse de menos de cada uno de ustedes, ya que no puedo ir a percatarme ocular y personalmente de cómo están... Lo mejor de cada uno de ustedes está ahí en mi pequeño Altiplano interior. Es lo que me sostiene y me hace crecer..
Hasta otra. Busquen su Altiplano, estén en donde estén. Búsquenlo con esos ojos nuevos allí
en dónde a los ojos de los demás parezca que no hay vida, a las afueras, en el desierto, en los márgenes...y quédense por un tiempo, Un día vendrá ALGUIEN a echarse de menos de ustedes. Invítenlo a cenar y se quedará para siempre en su corazón.
Un fuerte abrazo.

PEPE H.

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